El inicio de mi relato

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El inicio de mi relato

Notapor Preahoteck el Lun Ago 23, 2010 5:43 pm

Bueno, a ver que os parece este relato. Es lo que vewndria siendo el inicio de la famosa casa Corbitt pero desde un punto de vista narrativo, con un unico personaje.

LIBRERÍA McCOY

Compra / venta de libros antiguos
Dentro de la librería McCoy, en una esquina de Midtown, se exponían raras ediciones de libros antiguos, muy valiosos por su carga histórica. En su interior flotaba el suave aroma del papel viejo, madera bien cuidada y café recién hecho. Detrás del mostrador estaba sentado un hombre absorto en su lectura, debajo del haz de luz de una vieja lámpara. En su mano izquierda sostenía un libro forrado con cartón, lo cual hacía imposible ver su portada y en la derecha, una taza de café humeante. A su alrededor, grandes estanterías ocupaban casi todo el espacio de la tienda, dando así la sensación de ser mucho mas pequeña de lo que en realidad era. Todos aquellos libros tenían una ligera capa de polvo, pues les pasaban un trapo muy de vez en cuando, dando así un aspecto viejo, aun así, estaban en muy buen estado de conservación. El débil tintineo de las campanillas sacó a William de su lectura y le hizo fijarse en el hombre que entraba secándose la pesada gabardina.
-Buenas tardes, ¿qué deseaba? –preguntó Will de forma cordial, levantándose de su asiento y dejando ver, no de forma amenazadora, su estatura.
-Buenas noches, mas bien –dijo el hombre con una sonrisa- venia a preguntar por un libro que reservó mi señora hace una semana, a nombre de Maggie Hotch.
-Claro claro, ya recuerdo... ¿”Mergy el hugonote”?, lo conseguí hace tres días nada mas.
-Este no es el libro, el título es diferente.
Con una sonrisa en los labios, Will se apresuró a corregir a su interpelado.
-Es su título original en francés, “Chronique du règne de Charles IX”. Le he conseguido una primera edición de 1829 en prácticamente perfecto estado. Un gran hallazgo, pues tuve que buscar por muchos lugares y contactar con mucha gente. Afortunadamente he conseguido que me lo enviasen desde un monasterio en Landes, provincia de Aquitania, en Francia.
Claramente satisfecho, el hombre guardó en la gabardina el valioso libro y entregó un sobre con el dinero acordado anteriormente entre Will y la señora Hotch.
-Muchas gracias por su esfuerzo y dedicación, es usted un gran profesional, señor McCoy, estoy gratamente sorprendido.
-No hay por que dar las gracias señor Hotch, es un placer ayudar a gente que se interesa por la vieja literatura. Que tenga usted un buen día.
Dicho esto, el hombre salió nuevamente a la incesante lluvia de las calles de Midtown, abrigado por su pesada gabardina. El encuentro hizo que William mirase el reloj y viese que la hora de cierre había pasado hacía media hora. Tranquilamente terminó su humeante café y cerró con llave el establecimiento y acto seguido, apagando la lámpara, se introdujo en la trastienda, donde guardaba sus... “otros libros”. En dos enormes estanterías recogía todos los libros que no podía almacenar en la parte principal de la tienda, tales como libros viejos o copias o diferentes ediciones de los que tenía fuera. Unas oscuras sabanas cubrían una serie de enormes estanterías con cintos de libros prohibidos durante cientos de años. Libros que hablaban de viejas profecías, desastres, atroces practicas mágicas, cultos secretos a dioses malignos largo tiempo olvidados y muchos mas de oscuras procedencias. Unos estaban en ingles, otros en francés, latín, griego o lenguas muertas. William había heredado de su anciano abuelo la librería, muchos de esos tomos los había leído, otros ni se había atrevido a pasar unas cuantas páginas, pues sabía a ciencia cierta, que podían acarrearle terribles consecuencias mentales y físicas. Tras años de estudios con su abuelo, había adquirido un amplio conocimiento sobre historia, mitología y lenguas muertas, además de haber investigado y seguido la pista a cientos de libros de difícil adquisición.
No sabía porque buscaba y poseía aquellos libros. A veces pensaba que lo hacía por coleccionismo, pero en el fondo sabía, que siempre hay algo mas de lo que la gente se atreve a ver y aquello que durante años había recogido, era la prueba de ello.
Tras pasar por la trastienda, subió por las escaleras tras una puerta, que daban paso a su residencia. El libro que tenía entre las manos, era un ejemplar que su tío le había enviado desde el viejo continente, como una curiosidad antigua, pues lo habían requisado en una redada en Inglaterra. Había pertenecido a una secta especialmente sangrienta y su tío había dirigido una investigación para terminar con ciertas desapariciones. El libro había sido tratado muy mal en el viaje, pues el envoltorio en que su tío lo había guardado cuidadosamente, estaba ennegrecido como si hubiese sido expuesto al fuego. Inmediatamente nada mas recibirlo, decidió forrarlo, como hacía con todos los libros que leía, pues estaba acostumbrado a cuidar de ellos como un preciado tesoro, pues hacía que el conocimiento de los tiempos remotos se guardase para siempre. También los forraba para guardar su intimidad, no le gustaba que nadie supiese lo que leía. Dejó el libro en la mesilla de noche, encima de una obra de un historiador egipcio, que había terminado hacía dos noches, todavía con el marcapáginas situado entre la encuadernación y las hojas.
Después de cenar ligeramente, se encaminó de nuevo a su cama, donde encendió una pequeña lámpara y cogió su libro. Alarmado cayó en la cuenta de que el forro que había puesto esa misma mañana, de duro cartón de sobre de correos, estaba ennegrecido. Arrancó sin ninguna demora la protección y suspiró al ver el libro intacto, todas sus hojas tal y como eran originalmente. Pero al fijarse descubrió, que la obra del eminente egipcio también estaba ennegrecida, pero esta vez hasta las hojas del interior, de hecho no recordaba que el libro se llamase Beatus Methodivo. Beatus Methodivo era el título del libro que su tío le había enviado. Poco a poco, estaba cambiando otros libros como si de un virus se tratase, así que decidió hacer una prueba. Cogió dos ediciones de libros actuales con tapas de baja calidad y los puso junto con el extraño ejemplar, tras lo cual decidió irse a dormir, pues ya era tarde y mañana tenía que abrir pronto la tienda





Will se despertó de sus terribles sueños plagados de pesadillas, con la certeza de que el timbre de la tienda estaba sonando desde hacía un buen rato. Aturdido y mareado se levantó rápidamente y se puso la ropa que había seleccionado la noche anterior para ponerse. Bajó ruidosamente las escaleras gritando la típica frase de “YA VOY”. Cuando llegó a la puerta de la tienda se extrañó de que el individuo que se erguía tras la puerta no se hubiese marchado aburrido de esperar. William se fijó en la hora y se dio cuenta de que había dormido mas de la cuenta, así que se apresuró a abrir al extraño entre disculpas.
-Buenos días, buenos días –saludó el hombre al entrar. Era bajito y rechoncho, su cara estaba roja por el frío, dándole un aire cómico, pues su redondos rasgos asemejaban a una caricatura. Mientras entraba, el hombre se quitó los guantes y se frotó unas manos que bien podrían pertenecer a una mujer obesa, eran muy afeminadas.
-¿Qué deseaba?.
-Quería hablar con usted, caballero. Mi nombre es Tom Aniolowski, soy promotor inmobiliario y requiero de sus servicios.
-¿Para que iba a querer un promotor de los servicios de un librero?.
-Para mi trabaja un joven apellidado Monroe, que asegura haber entablado amistad con usted hace años, antes de dejar los estudios en el instituto. Tal vez lo recuerde.
-Si, Ross Monroe, nos dejábamos libros hace años. ¿Y qué interés tiene usted en mi?.
El hombre se sonó la nariz de forma ostentosa. Estaba claro no aguantaba bien las inclemencias del tiempo.
-Si quiere le preparo una taza de café bien caliente.
-Oh, muchas gracias caballero, es usted muy amable.
Dicho esto, Will puso en marcha la cafetera que tenía en la parte baja del mostrador e introdujo en él los granos de café.
-Bien, como ya le he dicho, soy promotor inmobiliario, y tengo entre manos un jugoso negocio. He comprado una casa en el barrio de Chinatown, desgraciadamente, los anteriores inquilinos, se vieron implicados en una tragedia y lo que quiero es que usted investigue los hechos acontecidos. La casa la he comprado barata gracias a que nadie la quería, ahora lo que quiero, es venderla a buen precio, sin el problema de las especulaciones esotéricas.
-No entiendo porqué debo ser yo –dijo receloso- solo soy un librero.
-Su amigo Ross, me contó que usted, cuando eran jóvenes, tenia una gran pasión por lo oculto y un maestro versado en esos temas.
-Mi amigo Ross en un bocazas. Tome, su café.
-Muchas gracias. –el orondo personaje olió y paladeó con sumo gusto el suave café que le ofrecían, cerrando los ojos y dibujando una suave sonrisa de gozo en sus gruesos labios. Tras un breve momento en que Will daba un sorbo a su taza, fijando su vista seria en Aniolowski, éste abrió sus ojos con una chispa de malicia y ofreció...
-Serían 10000 dólares por el trabajo, señor McCoy, 5000 ahora y otros 5000 al terminar el trabajo.
-Antes deberá contarme todos los detalles, con calma. Mejor subamos a mi casa, donde podemos hablar mas tranquilamente.
Acto seguido, se acercó a la puerta y colgó el cartel de CERRADO.






Sentados uno delante del otro, sopesaron sus miradas mientras paladeaban una nueva taza de café. El hombretón dejó caer en la mesa unas llaves y un sobre que había sacado de un bolsillo interior.
-Dentro hay 5000 dólares y la dirección de la casa; y estas son las llaves.
Will ni siquiera miró los objetos.
-Antes quiero saber lo que tiene usted en mente.
-Como usted desee, señor McCoy. Hace unos meses, la familia residente de la casa sufrió una serie de trágicos accidentes, tras los cuales abandonaron la casa. El padre y la madre están ingresados en un hospital psiquiátrico y sus hijos en un centro de acogida. Estos hechos, añadidos a que ya había rumores sobre una maldición, hace invendible el inmueble, por lo tanto quiero que usted lo investigue y demuestre que ahí dentro no hay nada.
-¿Y por eso me pagara usted 10000 dólares? –dijo Will escéptico.
-Acaso no es capaz de calcular el precio de esa parcela tras su investigación? Ganare mucho mas que 10000 dólares.
Will pensó en subir su preció, pero al instante se dio cuenta de que probablemente, habría muchos en la cola por hacer ese trabajo. Sería estúpido por su parte rechazar ese trabajo.
-Dígame donde se encuentran los padres y los hijos.




Esto es lo que llevo escrito, epsero que os guste :)

PD: Lo del libro que corrompe a los demas es una licencia que me tome, pues es sacado de otro relato es lei hace muchisimo tiempo, tambien basado en Cthulhu, del cual no recuerod el nombre... y me gustó bastante el detalle. Como pensé en usarlo en la partida, para mas adelante hacer otra trama, pues también lo metí en el relato.
No hagas lo que hago, si no lo que digo.
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Re: El inicio de mi relato

Notapor Abdul Alhazred el Mié Nov 10, 2010 6:43 am

Gracias, Preahoteck.

Espero que continues escribiéndolo. ;)
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Re: El inicio de mi relato

Notapor sectario el Mié Dic 08, 2010 1:27 pm

Ayer lo pude leer :lol: ,
si quieres utilizar el hilo del libro corruptor como hilo secundario, ¿has pensado de retrasar o ralentizar su efecto?. Es decir, me refiero a que el progonista encuentre que el libro del egipcio ha sido mancillado una vez haya regresado de su primera visita a la casa maldita. De esta forma retrasas un poco la revelación de que ESE libro no es normal. Así el lector lo tendría más fresco cuando retomes el hilo.

Yo también quedo en espera de la continuación ;)


Preahoteck escribió:PD: Lo del libro que corrompe a los demas es una licencia que me tome, pues es sacado de otro relato es lei hace muchisimo tiempo, tambien basado en Cthulhu, del cual no recuerod el nombre... y me gustó bastante el detalle. Como pensé en usarlo en la partida, para mas adelante hacer otra trama, pues también lo metí en el relato.

Creo que el relato es La Vibora, que la recopilación El Necronomicón de LaFactoría
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