Claude Owen

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Descripción

Claude Owen nació en 1907, su padre murió de cáncer en 1911 y su madre un año más tarde. Fue criado por sus abuelos maternos, que para 1928 también habían fallecido. Quizás el verse golpeado por la muerte de familiares le haya llevado a ingresar e la Facultad de Medicina, de donde Claude Owen es un alumno de buen historial académico.

Su estatus en 1928 ha bajado un poco ya que no ha acudido a clase, no ha pasado por su dormitorio y se desconoce su paradero. Los compañeros de clase de Claude Owen lo recuerdan como alguien frío, serio y un empollón que haría casi cualquier cosa para caer bien a los profesores. No se mezcla con nadie fuera de clase y en ella siempre se sienta solo. Obsesionado con realizar grandes descubrimientos en Medicina, aunque recientemente va poco por clase lo cual empieza a amenazar su historial. Los profesores y tutores lo reconocen como brillante y ciertamente capaz, aunque a nadie le gusta Claude Owen ni desean trabajar con él. Varios profesores sospechan que ha sustraído algún equipo médico sin permiso

Owen tiene un pánico cerval a su propia muerte; le poseen sueños y visiones de osarios, gusanos moviéndose y piel verde-azulada con un brillo fantasmal. Ingresó en Medicina esperando engañar a la muerte de alguna manera. Encontró algunos fragmentos de los estudios de Herbest West. Tras estudiarlos se puso a buscar el resto, puesto que las teorías de West apuntaban a la inmortalidad. Al empezar a entender el alcance de los logros de West empezó a duplicar sus experimentos. Su miedo a la muerte le obsesionó, y finalmente los horrores inconfesables que perpetraba en nombre de la Ciencia le volvieron loco.

Siguiendo a su predecesor como si fuera un ídolo, Owen montó un laboratorio en el sótano de la vieja Granja Chapman, donde había trabajado el primer Reanimador. Envalentonado por una sucesión de experimentos con éxito, Owen intentó ganarse la aceptación de los bohemios de la universidad a quienes ciertos rumores atribuían magia negra, comportamientos aberrantes y acontecimientos más allá de cualquier imaginación. ¿Quién más, razonaba Owen, podría comprender sus sorprendentes poderes? Después de todo, ¿no tenía él el poder de devolver la vida a los muertos? Ciertamente no los intelectuales aburridos de la Facultad de Medicina, quienes se negaban a apreciar sus descubrimientos. La mayoría de los bohemios eran hijos de papá y sus sicofantes (N. del T.: sinónimo de perrillo faldero o, en palabras más fuertes lame...), gentes a quienes el uso de las drogas y la vida fácil les proporcionaban credenciales de sofisticación y que llenaban sus tardes de ocio con poses estudiadas y frases ingeniosas copiadas de otros. De hecho había un círculo interno de mayor entidad, dirigido por Asenath Waite, que podía haber apreciado sus logros, pero Owen nunca realizo contactos firmes con ellos. Para su pesar, un niño bien llamado Frank Charlton se fijó en el ligero tartamudeo de Owen y de inmediato empezó a hacer chistes crueles pero divertidos a sus expensas. A final de la velada, estaba lívido y sus esperanzas deshechas. Para el joven y desequilibrado alumno, el rechazo fue humillante. Para Charlton fue un error fatal. Tan obsesivamente como había trabajado a partir de las notas de Herbert West, Owen preparó su venganza por el insulto y en la madrugada del 2 de mayo atacó, dejando

Relatos

Mencionó el establecimiento de la Dinastía en Carcosa, los lagos que conectaban Hastur, Aldebarán y el misterio de las Híadas. Habló de Cassilda y Camilla y sondeó las nubosas profundidades de Demhe y el lago de Hali [...] La hora había llegado, y,la gente conocería al hijo de Hastur y todo el mundo se inclinaría ante las Estrellas Negras que penden en el cielo sobre Carcosa